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Educación para la explotación

Según datos de la ONU de los 7000 millones de habitantes del planeta, hay 81 millones de jòvenes en edad laboral y están desempleados. Existen 215 millones de niños que se ven obligados a laborar. En México estas contradicciones se extreman bajo el modelo neoliberal. En nuestro país habitan 112, 336,538 personas con un crecimiento poblacional de 1% anual. De estos 46 millones tienen menos de 20 años. 4 millones son niños trabajadores; muchos de ellos ni siquiera reciben ingresos. El país registra 7.5 millones de jóvenes (de 15 a 29) años                   que no trabajan, ni estudian (los llamados NINIS) para ellos el crimen organizado ha creado en el país 600 mil “empleos”.

En 2010 fueron sentenciados por diversos delitos 55 mil jóvenes. Las bandas de narcotraficantes reclutan niños de 10 a 13 años que reciben hasta $1,500 pesos a la semana por “tareas” diversas; de los 500 mil muertos en la “guerra contra el narco” 80% son jóvenes. En México cada año desertan de la educación básica 630 mil niños y adolescentes sumando en el sexenio 33 millones en rezago educativo.

En el caso de los indígenas (20 millones de personas) 2 de cada 100 jóvenes llegan a la educación superior. Solo en el DF más de 35 mil niños no asisten a la escuela, muchos forman parte de los “niños en situación de calle”. En cuanto a la educación media superior 19 millones de jóvenes carecen de bachillerato. En la educación superior la deserción llega a 40% al año, solo 20% de jóvenes pobres acceden a enseñanza superior.

Este año el Politécnico recibió 90,600 solicitudes de ingreso y solo acepto 25 mil. La Universidad de la Ciudad de México tuvo 7,631 aspirantes y solo acepto 1,023 lugares. La U. de Querétaro recibió 12 mil solicitudes y acepto 8 mil chavos. La UNAM recibió 150 mil solicitudes y acepto 15 mil. En total 200 mil jóvenes fueron rechazados de la educación superior y 80 mil de bachillerato.

Lo más increíble es que de los egresados con educación superior el desempleo en 2011 es del 67.3% ¿Por qué? Lo que el neoliberalismo propone es una educación vinculada a los servicios de las necesidades de las empresas. Las universidades imparten los conocimientos que los empresarios necesitan y estos ofertan algunas fuentes de trabajo. Bajo el modelo conocido como “educación en base a competencias” se privilegian el inglés, la informática, la ortografía, el “liderazgo”, así como las habilidades técnico – operativas. Por ello estorban las humanidades, las artes, la filosofía y las ciencias sociales.

Según Calderón ha creado 96 universidades nuevas en el país. En realidad 96 sitios de capacitación para el neoliberalismo. Mientras nuestras primarias tienen graves problemas de mobiliario inadecuado, violencia, drogas, carencia de recursos académicos. Los maestros de tierra caliente (en Guerrero) no dan clases por la violencia, el charrísimo sindical de la SNTE vende en 3 mil pesos el examen para la asignación de plazas. Entre tanto Calderón subsidia a las escuelas privadas deduciendo impuestos de las colegiaturas, invita a los jóvenes universitarios a incorporarse a los cuerpos policiacos. Sin embargo, solo los libros y la lectura de los teóricos revolucionarios son de los pocos instrumentos que tiene la juventud para enfrentar al neoliberalismo, impulsemos un proyecto que luche contra la ignorancia, el analfabetismo y la enajenación de los medios de comunicación al servicio del capital financiero.

Solo el humanismo y las ciencias sociales crean los hombres libres y con valores solidarios que necesita nuestro pueblo. Organicémonos entorno a la lucha social y al estudio revolucionario

Por Rodolfo Montes

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Desesperanza Aprehendida :(

El día 5 de Junio del presente año, Jorge Ramos, destacado periodista “mexicano” radicado en Estados Unidos (ya saben, para la comunidad hispana), publica una columna de opinión para el diario Reforma de circulación nacional. El titulo de la columna es “¿Y los indignados de México?” haciendo una obvia referencia a los movimientos sociales en  España: “Los Indignados”, que desde hace ya algunas semanas vienen levantando polémica por la característica de tener entre sus filas a muy jóvenes simpatizantes, exigiendo al gobierno de Zapatero, renovación del sistema político y más oportunidades de empleo. Jorge Ramos, quien ha ganado fama por sus controversiales entrevistas a figuras politicas mexicanas, pregunta el día de hoy en su publicación “¿dónde están los indignados en México? ¿Dónde están esos jóvenes mexicanos dispuestos a plantarse en el Zócalo y en todas las plazas del país hasta que las cosas cambien?”. Si revisamos la historia reciente de nuestra sociedad, podemos encontrar que los movimientos sociales se dan en cada esquina, literalmente, ahí les van: comenzando por el ya clásico EZLN, la desprestigiada APPO, No + sangre, los padres de los niños ABC, el SME, Hasta la madre de Javier Sicilia, el movimiento por la… una infinidad de movimientos que, cada uno con sus intereses en particular, comparten un motivo en común: la inconformidad con el gobierno.

Los jóvenes mexicanos podrían contestar, “pus es que yo no soy campesino”, “pus ya se quemó la guardería, ya que le vamos a hacer”, “mejor que se pongan a chambiar y no hagan trafico”. La pregunta sería ¿Que es lo que mantiene a la juventud y parte de la sociedad sin quejarse? Los motivos sobran, ¿Apoco sales a la calle y te ofrecen empleo? ¿Apoco sales a la calle y te sientes como en Suiza? ¿Apoco sales a las calles con tus Rolex y tu Chihuahua? ¡Pues No verdad! ya ni por exigir eso, como Ramos lo menciona, ahora se pide lo más básico: que no nos maten.

Obviamente México padece de diversos factores que mantienen pasivos a la población más vulnerable (jovenes, no se hagan imbeciles), como los medios de comunicación, que intervienen presentando una realidad juvenil alejada de la vida política, con entretenimiento que no inmiscuye de ninguna forma al “chavo” con situaciones como el desempleo, la inseguridad, la falta de educación, ¡NO!; Mejor le presentan una realidad donde se preocupe por su pequeña y diminuta vida pues, al fin y al cabo, “haga lo que haga: nada va a cambiar”. Esta última frase la he escuchado repetidas veces entre la población juvenil (pus yo también estoy chavo, hahaha), cuando se platica sobre corrientes políticas. Lo que trato de describir es la “desesperanza aprehendida”: aquel experimento del psicoanálisis en el que se deposita un roedor (los jóvenes) en el fondo de un recipiente destapado, la única forma de salir es por encima, el ratoncillo intenta luchar (por ej. el movimiento estudiantil del 68, del 71 o del 99) pero las resbaladizas paredes no le permiten escalar mucho (la represión) hasta que el pequeño roedor entiende (o en nuestro caso, los medios nos hacen entender) que “haga lo que haga” jamas podrá salir y decide hacer del recipiente su realidad y modo de vida hasta su muerte. ¿Si me agarran la pichada?.

Este comentario es solo una teoría, pues dicen por ahí que la mejor solución al problema es entendiendo lo que está sucediendo, ya cada quien sabrá porque le da “güeva” inmiscuirse en la política y mientras eso siga así, nada va cambiar.

Por Hugo Servín

@hugo_servin

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